El Universal
22 de septiembre de 2004
Los
medios
públicos(editorial)
FUERA de estudios académicos de limitada
circulación, los mediós públicos de comunicación no suelen ser objeto de
profundos
análisis, sin embargo es tiempo de que la sociedad los revise y los
ajuste a su servicio, en tanto entidades oficiales que
viven de los recursos que
todos les aportamos.
El país sobrelleva una situación muy peculiar en materia
de radio y televisión, por la cual unos concesionarios y permisionarios
comercializan las frecuencias del Estado,
mientras que éste se ha reservado
algunas para la difusión de contenidos primordialmente alternativos a los que
ofrece la media comercial, con énfasis en lo educativo y cultural.
Durante
los trabajos del Primer Congreso
Internacional y Medios, el primer asunto que
destacaron los analistas y académicos fue el de otorgarles personandad
jurídica
definida a los medios públicos, para que quede muy clara la forma en que éstos
rendirán
cuentas a la sociedad, la forma en que certificarán la calidad de sus
contenidos, formas alternas de financiamiento que
los haga económicamente
viables y la legislación que establezca cómo han de abrir espacios a las
distintas expresiones de la sociedad. Estos puntos conformarían una primera
agenda para su replanteamiento a nivel
legal, aunque también es preciso no dejar
de lado el aspect político, sacado ayer a relucir por el subsecretario de
Normatividad de Medios de la Secrétaría de Gobernación, Ricardo García
Cervantes, quien
aseguró que los medios públicos han dejado de servir al
gobierno, aunque admite que algunos estados del país
“todavía obedecen a una
vieja concepción caciquil”
Es cierto que durante los años de
hegemonía de un
solo partido, los, medios de comunicación del Estado fueron instrumentos del
gobierno en turno,
lo que generó un oficialimo de medios al servicio de una
élite, donde la sociedad era la que menos
intervención tenía a la hora de
definir contenidos y programaciones. Este manejo patrimonialista de radio y
televisión estatales pervirtó su función y alejó a la sociedad de aquellas
frecuencias en las que
los ciudadanos no se veían reflejados.
La inercia de
tantos años de un modelo vertical de medios ha
impedido que el sólo cambio de
partido en el poder haya devuelto a estos medios la función que debiera ser su
punto de partida, la del servicio público, que es en lo que se debe trabajar
ahora.
Es decir, está
bien que el gobierno recuerde que no debe ser el rector
único de contenidos y programas, pero ahora debe proveer las.
bases para que se
usen en favor de la población.
Esto nos lleva a la revisión del siguiente
punto, que
tiene que ver con el financiamiento de los medios públicos en tiempos
de severas restricciones presupuestarias.
Lo común es que las formas alternas
de financiamiento se encuentren en el mercado, lo que en no pocas ocasiones ha
determinado que los contenidos se orienten en favor de patrocinadores que piden
fórmulas comerciales ya probadas y
exitosas en los medios de comunicación
concesionados a particulares. Se sacrifica entonces la utilidad pública,
así
como contenidos alternos y variadas expresiones de la sociedad en aras de la
competencia por los mercados y los
ratings.
En resumen, el reto para los
medios públicos durante los próximos años radicarán en
resolver sus carencias
legales, adquirir definición y perfil propios, independientemente de los
gobiernos en turno, y
encontrar formas imaginativas de financiamiento que no
afecten la utilidad pública de unos medios de comunicación
que son de todos
nosotros.
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