Maestria en periodismo Clarin-San
Andres
La credibilidad de los medios, bajo la mirada de cuatro periodistas
Ricardo Kirschbaum,
Joaquín Morales Solá, Roberto Guareschi y Jorge Fernández Díaz compartieron un panel en el que evaluaron
la función del periodismo. Desafíos y autocrítica dentro de los medios.
Me contaron que hace
mucho tiempo la gente discutía un tema y decía: ''es verdad, porque lo leí en el diario''".
La frase de Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín, nutrió anoche un debate sobre la credibilidad de los medios,
antes inapelable, luego desgajada en hechos históricos como la guerra de Malvinas y la crisis de 2001, y ahora recuperada.
Fue el jueves 9 de junio en Clarín, en un acto que combinó la celebración del Día del Periodista
con la presentación oficial de la quinta promoción de alumnos de la Maestría en Periodismo de la Universidad de
San Andrés y el Grupo Clarín. La ceremonia estuvo encabezada por Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín;
José Aranda, miembro del directorio; Héctor Aranda, gerente general del diario; Kirschbaum; Ricardo Roa, editor general
adjunto; y Jorge Rendo, director de Relaciones Externas del grupo. Magnetto y Jorge Forteza, presidente del Consejo de
Administración de la Universidad de San Andrés, descubrieron una placa de agradecimiento a las empresas que apoyan el
ciclo 2005 de ese emprendimiento académico.
La mirada hacia el interior de la profesión de Mariano Moreno
estuvo a cargo de un panel de lujo, integrado por Kirschbaum, el columnista político Joaquín Morales Solá; el ex
secretario general de Clarín Roberto Guareschi y el actual secretario de Redacción de La Nación, Jorge
Fernández Díaz. El debate fue coordinado por el director periodístico de la Maestría, Osvaldo Tcherkaski.
El director académico, Eliseo Verón, fue el encargado de presentar a los maestrandos 2005.
Kirschbaum
consideró que "un diario no tiene que ser referente de sus clientes, sino de sus lectores: cuando un diario hace
clientelismo periodístico, hipoteca su credibilidad. Además, debe analizar en qué grado se prepara para ser
creíble y decidir si tiene un sistema de control que le garantice precisión y calidad. En eso, aquí en la
Argentina, aún hay un largo camino por recorrer".
Señaló entonces a "viejos paradigmas"
del periodismo mundial, como los diarios The New York Times o Le Monde y la cadena BBC, "hoy están inmersos en una crisis
de credibilidad por episodios de falsedad de muchas de sus noticias". Como solución, propuso la formación de
"comités de control de calidad dentro de los diarios, una tarea imprescindible para garantizar que las noticias que
publican sean creíbles para sus lectores". Esos cuerpos revisores existen, por ejemplo, en el Washington Post, donde
inspeccionan la exactitud de las frases de los funcionarios que se citan, las fechas que figuran en un artículo o la seriedad
de las fuentes.
Morales Solá sugirió retomar "el sano ejercicio del chequeo, que las generaciones
jóvenes de periodistas están perdiendo" y, además, desarrollar "la obligación de reconocer los
errores y pedir disculpas, porque si algo está salvando al periodismo norteamericano, luego de la difusión de noticias
falsas o el ''exceso de patriotismo'' desplegado tras el atentado a las Torres y durante la guerra en Irak, es esa
capacidad de pedir disculpas".
"La credibilidad nunca es una conquista definitiva, sino una larguísima
construcción que, si no se apuntala, tiene el riesgo de perderse rápidamente. Creo que hay algo de superficialidad y de
frivolidad al abordar este desafío", apuntó Morales Solá. Y advirtió que los periodistas no deben
perder de vista "el relato de los hechos", ni tentarse con actitudes que impliquen "demagogia, exceso de protagonismo,
soberbia o corrupción".
Guareschi contó una anécdota de la época de Malvinas: "En la
Plaza de Mayo, la gente empezó a tirar monedas contra el camión de exteriores de ATC, el paradigma de la falta de
credibilidad durante la guerra, pero el enojo siguió y las monedas también nos pegaron a los periodistas que nos
creíamos a salvo. Moraleja: la credibilidad que pierden unos medios termina afectando a todos".
Fernández
Díaz retomó un trabajo autocrítico sobre la profesión, que La Nación publicó el martes por
el Día del Periodista. Allí, reparó en los cambios que produjo en la profesión la llegada de
Néstor Kirchner al poder. "El Gobierno tiene para cada medio una pauta publicitaria, un negocio, un castigo. Divide entre
amigos y enemigos, y discrimina con la información. Otorga primicias oficiales a los que son complacientes, y deja afuera de
información a los díscolos", indicó. Luego, cuestionó el "gatillo fácil" que hubo
en el periodismo político, "un Watergate berreta cada 60 minutos", investigaciones con modernos recursos
tecnológicos, pero sin rigor. El peor de los pecados
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